En la práctica de hoy me encontré dándome cuenta que “bien o mal está por verse”, ya que toda acción tiene un impacto positivo para algún aspecto pero negativo para otro.
Por ejemplo, privamos de vida a seres o futuros seres para alimentarnos, inclusive si consumimos semillas o aceite. Podría dar muchos ejemplos más… pero se que el lector puede entenderme claramente.
Una vez que te das cuenta de esto, la línea que separa uno de otro extremo se relativiza pero no desaparece.
Si hoy no me siento bien, puede ser el impulso para practicar y eso es positivo pero quizás no le dedique tiempo a otra cosa o ser. En este mismo momento estoy eligiendo estar frente a una pantalla, escribiendo estas ideas y me privo de hacer preparativos para la última cena del año.
Nunca sabemos el impacto que tendrán nuestras acciones ni para nosotros mismos ni para otros seres, la muerte puede ser una oportunidad para renacer o para liberarnos y ¿qué es la liberación sino la libertad de vivir y realizar acciones que no dejen rastro, que no contaminen, que no hagan sufrir? tal vez es por esto que algunos dicen que el mundo está roto, y se conforman con lo que sucede, lo aceptan. Yo no compro esa idea, no quiero quedarme aparte, quiero hacer algo para que cambie realmente y hoy, mas que nunca, en uno de los años más difíciles de mi vida, se que es desde adentro, desde la práctica, desde la revisión de nuestra forma de reprimir nuestras emociones o dejarlas que tomen el control de todo, de darles espacio.
Se me viene esa historia resignificada, en la que el monje dice: bien o mal, quien sabe?
Hoy escribo sin revisar, con algunas penas pero con la alegría mínima de saber que nadie sabe, no?
¿Cómo quiero que sean mis acciones este próximo año, este próximo día, este mismo instante? Como dice patañjali: “ni claras, ni oscuras, ni claroscuras” Tan solo darnos cuenta.
Adrián Alba
31 de Diciembre de 2024