El ciclo de las acciones cambia la genética

Si podemos cambiar la relación de nuestros genes con respecto a traumas heredados de familiares (tal como dice la epigenética) o de otras vidas (tal como dicen las culturas de la India) ¿Por qué no también nuestro propio cuerpo?

Si bien cambiamos nuestra predisposición genética (que tiene su raíz en hábitos y personalidad), podemos decir que estamos cambiando la historia, o al menos transformar la forma en que la historia moldeó a nuestros ancestros y su impacto en nosotros y generaciones futuras.

Photo by Matias Camueira on Pexels.com

Es así como se sanan los síntomas de nuestro cuerpo, cuando sanamos un trauma. Los síntomas físicos están amarrados a los psicológicos.

¿Pero como podemos llegar a esto?

Patañjali nos sugiere estudiarnos, poner esfuerzo y entregar resultados.
Un trauma no es más que la magnificación de un saṁskāra o hábito. Cuando recién escuchamos la palabra hábito solemos pensar que es algo malo, no?
Pensamos que debemos estar atentos todo el tiempo, pero sostener el esfuerzo es casi tan alienante como estar distraídos. Nos sofocaría.

Pensaríamos también que la distracción es mala y tenemos que evitarla. La verdad es que necesitamos momentos de descanso también. La distracción es una respuesta SALUDABLE al stress de las actividades mentales. 

El problema sucede cuando obviamos lo importante y le ponemos demasiada atención a lo intrascendente. Esta confusión es avīdyā, se manifiesta como nubes (kleśa-s)y nuestro objetivo principal será reducirla y eventualmente erradicarla. Con esto solucionamos todos nuestro problemas.

Todo lo que hagamos en pos de estar mejor tiene que darnos la sensación de espacio interior, aunque hemos aprendido a no dejar espacios, a aprovecharlos.

Photo by MART PRODUCTION on Pexels.com

Entonces, en principio debemos buscar balance. Pero ¿Cómo hacerlo si ni siquiera sabemos como actúa nuestra mente?

Estudiemos el proceso del hábito desde la percepción misma. Quizás este punto de vista pueda variar de una tradición a otra, pero seguramente encontrarán que les resuenan muchas palabras. En el budismo se describe este proceso propuesto por Asaṅga en 5 pasos que ‘sobresalen’ (skanda-s):

  1. Nuestros sentidos reciben un estímulo (o generamos el estímulo mentalmente) y esto tiene una expresión particular y única (rūpa)
  2. Esto nos genera una sensación (vedana) natural y auténtica
  3. Obtendremos información superficial de aquella, una noción (samjña) que completa la percepción. Ponemos una etiqueta en base a categorías.
  4. Luego llega la respuesta basada en nuestros hábitos (saṁskāra), si es importante lo adoptaré y se verá la reacción, y si no se considera importante se obviará.
  5. Esto madurará y dejará una impresión que puede moldear nuestra identidad (vijñana) de una forma que es especial para nosotros, nuestra interpretación.

Cuando no estamos atentos esto sucede automáticamente y decimos que el hecho nos causa una emoción y listo.

Lo que común y simplemente llamamos emoción, no existe en la psicología budista o yogica, más que como una consecuencia de este proceso entre un hecho y el próximo.

Photo by PhotoMIX Company on Pexels.com

Patañjali lo formula usando el ejemplo de una planta para que se entienda:

Nuestra acción (karma) está basada en una percepción distorsionada o nublada (kleśa), contaminada por el desecho o la impresión (pratyaya) de aquello que maduró (vipaka) y se catalogó (śabda) de una acción previa (karma).

La planta vive en el centro de nuestro pecho: si tiene espacio, luz y un fertilizante (aśayaiḥ) de buena calidad (sus propios frutos y hojas transformadas) crecerá fuerte y sana. La planta crecerá y continuará con su propagación en tanto las condiciones estén cuidadas. Como un jardinero, al principio deberemos intervenir mucho, pero con el tiempo será cada vez menos frecuente nuestra intervención y el mejor provecho lo sacará cuando la planta ya no dependa del cuidado del jardinero. Esa independencia es kaivalya.

Tomemos a la planta como nuestro sistema (citta) que está afectada por su entorno (sol, agua, polinizadores, otras plantas, hongos, bacterias, tierra, viento, animales que se alimentan de ella, etc.) o su ecosistema. A la hora de percibir, si somos muy dependiente del entorno, cuando cambie algún factor nuestra salud decaerá. Si somos dependientes del amor del otro, cuando no recibamos amor nos sentiremos perdidos. Si estamos viviendo en armonía podremos adaptarnos sin sobresaltos.

Photo by PEDRO DUTRA on Pexels.com

Cortar el fruto antes que madure no tiene mucho sentido porque no será lo suficientemente dulce, si dejamos que se acumulen muchos frutos, la tierra no podrá respirar, si ponemos mucha agua, se pudrirán las raíces (generará exceso de nitrógeno y de bacterias anaeróbicas), si no le da el sol no tendrá energía. El mejor momento de intervenir o de cambiar los hábitos es cuando cae el fruto (phala) y lo degustamos. No siempre tendrá el mismo sabor: a veces será agradable y a veces desagradable, pero el degustarlo es la única forma que tenemos de comprobar el estado de salud de la planta y hacer los ajustes necesarios basados en los hechos.

Tenemos que aceptarlo y convivir con ello. No vale con especular, hay que actuar e involucrarse, perseverar. Si un fruto no tiene buen sabor, no puedo abandonar la planta o cortarla, porque solo tengo una, solo tengo un ser. Hay que sentir y estar satisfecho con el proceso. Investigarlo y mejorar el proceso.

Si tengo muchos tantos frutos que no llego a comerlos, debo entregarlos para que los residuos no me saturen la tierra. Si tengo muchos buenos frutos y no puedo comerlos, los comparto porque de lo contrario se van a pudrir. Si salieron muchos y malos investigo las causas y si no puedo solo… debo pedir ayuda. Si tengo un solo fruto pero es de buena calidad, debo compartirlo para ayudar a alguien con hambre o que necesite reconfortar su corazón. S no obtuve frutos, debo esforzarme hasta el próximo ciclo de cosecha.

Entonces, cuando estamos atentos debemos dejar que la sensación ocurra, sentir su impacto e investigar las incomodidades que nos provoca, así como sus causas. De esta forma no habrá reacción descontrolada y no tendremos que sufrir las consecuencias.

Si no llegamos a estudiar el proceso, no podremos ver claramente. Si esto sucede se repetirán los pasos una y otra vez, cíclicamente (saṁsāra) y hasta que podamos atenderlo correctamente y superarlo. Saber diferenciar es viveka, el medio es la meditación (dhyānam) y se establecerá cuando este punto de vista claro y sin distorsiones (śabdaarthapratyaya) se pueda sostener (samādhi).

De la primera cosecha no se sacan los mejores frutos, hay que perfeccionar el proceso.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Solo si nuestro hábito de ver las cosas tal cual son, se hace continuamente (āviveka) en samādhi podemos romper el ciclo. Eso es liberación. No es escaparse de las percepciones, sino percibir todo en sintonía con su propósito o motivación, que no es otro que el de la naturaleza misma. Esto es la verdadera sabiduría (saṁprajñata)

Cada temporada o año de una planta, cada ciclo del planeta es un ciclo de la acción. Es todo un ecosistema vivo, es el universo en un átomo. 

Si logramos optimizar nuestro sistema mental, el sistema físico por ende estará en sus estado más óptimo, nuestra forma de vernos a nosotros mismos, de ver al otro y de curar predisposiciones transmitidas de una generación a la otra, favoreciendo a nuestras generaciones futuras (no solo a nuestros hijos) y a las relaciones que nos rodean.


Photo by Anastasia Shuraeva on Pexels.com

Por más información sobre el impacto de la genética en las emociones te recomiendo leer el libro «Este dolor no es mío» de Mark Wolynn, y sobre el proceso de superación del trauma busca a Gabor Maté.

Sobre Patañjali y la relación de los sūtra-s con la comprensión de nuestra forma de actuar te recomiendo que tomes clases privadas o alguno de los programas en curso que ofrezco o los programas que ofrece Vanesa Sacca, profesora de yoga y facilitadora de Pathwork.


Photo by Hristo Fidanov on Pexels.com

Este mes de Septiembre, solo habrá módulo de Filo y Psico del Yoga (21 yoga y 28 kṣema). Nos sumergiremos en la meditación y sus transformaciones abordando el CAP 3 de los Yogasūtras de Patañjali, llamado vibhūti pādaḥ.

Es una oportunidad para todos aquellos que aún no han llegado a estudiar esta carpeta.

Los que quieran continuar el programa de Yoga de la Voz (mantras), me escriben por privado al WhatsApp o por correo electrónico a lindosdiasparati@gmail.com.

Siguen también las clases privadas donde podremos explorar con las mejores herramientas para cada uno el proceso de aprendizaje.

Que tengan lindos días!

Deja un comentario